La demanda barrial

Nacida en 2012 como una feria de productores y de puestos de comida de cocina saludable, a lo largo de estos años Buenos Aires Market no sólo creció en número de visitantes y ediciones, sino que además comprendió la demanda barrial. «Con BA Market comenzamos a recorrer los distintos barrios, con una propuesta itinerante que realizamos cada dos semanas. Hay zonas que son muy exitosas, donde la gente quiere conocer cosas nuevas, como Parque Chacabuco, Parque Santojanni en Liniers, Plaza Irlanda y Parque Rivadavia en Caballito, también Parque Patricios, Plaza Arenales en Villa Devoto. Estos lugares, a priori, se creía que no convocaban gente, pero sí lo hacen. Hoy todos quieren probar lo nuevo, lo distinto. Hay un puesto que se llama Amo mi matcha, donde hacen jugos, tés, salados y dulces a base de este té verde japonés, y es un éxito tremendo», dice Juan Aznarez, organizador de esta feria que este fin de semana está en Plaza Irlanda. «Por la televisión, por los medios gráficos, hoy todos tenemos la misma información gastronómica, pero hay zonas que aún no tienen tanta oferta y eso hace que los que viven allá estén todavía más interesados cuando sucede algo cerca de ellos.»Florencia Ricciardi y una amiga en Oporto, en Núñez

«En Saavedra no había nada, imposible comer algo rico en un ambiente lindo. Y un día abrió Raíces, que marcó un cambio. También Cornelio o Atilano, dos lugares frente a Parque Saavedra, el lugar verde más lindo de toda la ciudad. Ir a comer ahí es relajado, no me exige empilcharme tanto, ponerme los tacos. Hay buena onda, rica comida, estacionás fácil, comés bien, podés venir con amigos o con familia y no defraudan», dice Ronit Bircz, que desde hace diez años vive en uno de esos edificios bajos y con áreas comunes compartidas, que comenzaron a proliferar por el barrio.

«Cuando abrimos Raíces, lo hicimos bajo la premisa de que no era necesario irse a Palermo para obtener una cocina más cuidada. No es necesario que te ofrezcan cartas menu de restaurantes con nombres rimbombantes y precios altos, aunque con paneras de cuero, que luego no cumplen con lo que ofrecen. Cansa tanto exceso. Acá preferimos decir albóndigas y no esferas de lomo. Al principio fue difícil, hasta que nos conocieron. Hoy tengo clientes se conocen entre sí, se saludan de mesa a mesa. En un polo, como muchos clientes son de otros lados, es muy probable que no los vuelvas a ver. Acá, todo lo contrario. Hay que mimarlos mucho, porque vuelven siempre», explica Fernanda Tabares, socia de este precioso restaurante, ubicado en lo que supo ser un almacén de campo construido en 1912, y donde ofrecen cada día una cocina de tradición argentina y casera (sus gnocchi soufflé son un best seller de la carta), pensada desde una mirada contemporánea y de calidad.

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