Consejos de especialistas para lograr publicar el primer libro

La revista de narrativa La Balandra festejó su primer año de vida y su cuarto número reuniendo un calificado panel de protagonistas del mundo editorial que hicieron valiosas sugerencias para orientar a escritores primerizos.


Usted se ha pasado meses (tal vez años) escribiendo una historia, o varias. Usted ha fatigado cada una de esas páginas buscando la palabra exacta para describir un personaje, o el verso definitivo, o la atmósfera adecuada. Usted siente que el resultado quizás no era tan bueno como esperaba (todos escribimos grandes cosas en nuestra imaginación), pero bueno, ahí está: su libro. ¿Y ahora? La revista La Balandra –que se ocupa de publicar narrativa y de complejizar el oficio de la escritura con textos de escritores emergentes y consagrados– sabe que el tema de la publicación puede resultar inquietante.

Por eso decidió celebrar su primer aniversario y la salida de su cuarto número con una mesa que abarcó a todos los sectores clave involucrados en el mercado editorial: grandes grupos, editoriales independientes,  corrector editorial, un agente literario de prestigio y una escritora devenida en editora. Allí estuvieron Julia Saltzmann, de Alfaguara; Guillermo Schavelzon (responsable de una agencia literaria en Barcelona que representa a Paul Auster o Alberto Manguel y también a escritores argentinos como Fernanda García Lao u Oliverio Coelho); Guido Indij, editor de Interzona; Carlos Díaz, responsable de Siglo XXI y Alejandra Laurencich, escritora directora de la revista. Todos ellos se juntaron el miércoles por la noche en la librería Hérnandez para charlar con el público sobre estas cuestiones.

Indij comenzó señalando que una carrera literaria (como cualquier otra) no es un hecho mágico sino una construcción. «(El artista plástico) Alfredo Benavídez Bedoya inventó un juego que consiste en un tablero de madera parecido al juego de la oca y unas figuritas que son unos bustos de bronce con las figuras de la maestra de arte, la profesora de la Pueyrredón, el dueño de la galería, el director del museo y él mismo. La idea es mostrar que si no atravesás las distintas instancias de legitimación, tampoco construís una carrera sólida, que en definitiva es la valedera.» También recomendó presentar material en los concursos porque muchas veces, aunque el texto no gane, quizás un jurado pueda mostrar interés y recomendarlo en una editorial; elegir con cuidado la editorial a la que se le envíe material; confiar para eso en la opinión del librero al que se visita con regularidad. «Una vez alguien me dijo que no tenía librero porque mucho no leía. Pero si no leés, tu material no me interesa ya que un mal lector no puede ser un buen escritor», dijo.

«Me parece que hay que peguntarse si es necesario publicar y por qué», apuntó a continuación Saltzman y aclaró que ese planteo podía sonar extraño en boca de una editora. Pero no lo era sino que apuntaba al corazón de la idea errónea de que todo lo que se escribe debe ser publicado. Se trató, entonces, de un planteo práctico: «Si sabemos bien por qué escribimos y por qué pensamos que debemos ser publicados, podremos apuntar de forma más certera al editor más adecuado y sabremos convencerlo mejor. La escritura puede ser afición, confesión, artesanía, obra de arte. Todo es válido pero no hay que confundirse, ni como escritor ni como editor», advirtió.

Schavelzon amplió estas ideas a su turno. «Escribir y publicar no es lo mismo», sostuvo. «Estoy convencido de que escribir es una compulsión parecida a la del alcohol, el sexo, el cigarrillo. De las compulsiones, me parece una de las mejores. Pero no todo lo que se escribe debe ser publicado. Y si se decide publicar, empieza otro trabajo.» Uno de los secretos, entonces, no es enviar originales a cualquier editorial porque sí. Por el contrario, primero es necesario un trabajo de investigación doble: hacia las editoriales, eligiendo la adecuada, averiguando el nombre del director editorial, su correo y, eventualmente, su dirección. Y hacia uno mismo, siendo capaz de sintetizar en pocas líneas en qué consiste la obra que se envía. En sintonía con Indij (que había recomendado incluir esta síntesis al comienzo del texto que se entrega a un potencial editor), el agente literario recomendó, además, no abundar en hojas de curriculum. «Todo lo importante debe entrar en una carilla. No me interesa si una persona es casada o tiene hijos.» También consideró que mejor no apuntar de entrada a las grandes editoriales sino a las pequeñas, cuya estructura (más elástica) no requiere una cantidad exorbitante de ejemplares vendidos «ya que es difícil, para un escritor que recién empieza, vender de entrada, por ejemplo, 4000 libros.» Y es que «los grandes grupos les exigen a sus editores una rentabilidad muy alta», que sólo ciertos escritores, en general consagrados, pueden alcanzar.

«Todo el tiempo nos llegan propuestas, pero rara vez son paracaidistas, alguien que consiguió el mail y manda sin saber bien a quién», contó Díaz. Por el contrario, «en general viene gente recomendada por un autor nuestro o por alguien de la editorial. Yo me fijo mucho en el material que viene recomendado. Pero es importante que quien me recomienda a otra persona, mande un mail antes avisándome que esa persona me va a escribir. Porque eso es un indicador de compromiso por parte de los dos.» También enfatizó la necesidad de conocer no sólo la editorial sino, en lo posible, las distintas colecciones que componen los catálogos. «Y es que lo editores no toman decisiones sólo en función de la calidad del libro sino por el modo en que el libro dialoga con el resto de las colecciones publicadas.»

A modo de síntesis, Laurencich habló desde su lugar de escritora, pero también como flamante editora, ya que La Balandra es su primera experiencia en este sentido. En su doble condición, hizo una serie de recomendaciones que, lejos de ser obvias, son parte de la cotidianidad en editoriales que busquen escritores pero también en redacciones de diarios y revistas. «Si van a enviar material a una revista, sepan de qué revista se trata. En La Balandra, por ejemplo hemos recibido mensajes diciendo ‘me encanta lo que hacen, les mando dos poemas para que me publiquen’. Si la revista dice hasta en su portada que es de narrativa… eso habla de un afán por publicar sin fijarse en nada más. Eso causa desconfianza y desinterés en quien recibe los textos. Y sepan a quién dirigir sus mails y escriban correctamente el nombre del destinatario Y por favor, redacten sus cartas sin errores de ortografía.»   «

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